SOBRE ANTONIO FUENTES · TEXTOS · MOHAMED CHUKRI

FUENTES POR MOHAMED CHUKRI

[...] Delante del Café de París me encuentro con Ramón y una amiga suya. Van a visitar al pintor Antonio Fuentes que ayer les pidió que le llevaran dos panes integrales. Me apunto a acompañarles. Hace años que no le veo. Compra su comida en un pequeño restaurant de al lado de su casa. Cuando se aventura un poco más lejos, rara vez va más allá del Zoco Chico. Está siempre solo. Sólo he hablado una vez con él, durante una de sus exposiciones en los años sesenta.

“Seguramente no nos dejará entrar en su casa. Dice Ramón. Nosotros entramos ayer. Incluso a sus amigos más íntimos sólo los recibe muy de vez en cuando. Quienquiera que quiera comprarle un cuadro debe ir acompañado por una persona que le conozca, pero no recibe nunca a más de tres personas a la vez, y jamás antes de las once de la mañana, ni cuando hay niebla. Si el comprador no compra nada, no le permitirá jamás volver a su estudio. Tiene casi noventa años y una memoria de elefante”

Ante una vieja puerta de pintura descolorida, Ramón llama varias veces, gritando a la vez: “Somos Ramón y Sonia”.

Lleva un gorro de lana, y su cara está poblada de pelos blancos. Hace varios días que no se afeita.

Ramón me presenta: “Un escritor marroquí.

Tú eres de Tánger. Eso es bueno”

Se vuelve hacia Ramón y Sonia: “Es un artista. Se lo veo en la cara. Tiene algo muy particular”

Puede ser mi nariz ganchuda lo que le llama la atención. Le echa un mirada a dos trabajadores que pintan de blanco los muros de la mezquita El Jame’ Jadid y les pide la bendición de Allah y su baraka. Saluda en árabe dialectal a todos aquéllos que pasan: Allah os asista! Y nos explica: “Para los marroquíes el trabajo es sagrado. Trabajar es lo mismo que rezar”

Ramón le da los dos panes en una bolsa de plástico. Los mira, y contesta:

“Esto no vale nada. Es un pan ordinario. No es el verdadero pan integral que yo conozco y que venden en el Zoco Grande. El problema es que es un poco más caro que el pan normal. Hay que saber dónde comprarlo”.

Nos despedimos y nos fuimos.

“Sale cada vez menos de su casa, dice Ramón. Son los chiquillos del barrio y los vecinos los que le llevan lo que necesita. La limpieza le da horror. Sus muebles, desbaratados y cubiertos de polvo, crujen con el ruido de las ratas y de los ratones. La humedad destroza sus lienzos. Un día, el cónsul español Pablo Bravo y su mujer le propusieron restaurar la casa, pintar las paredes, etc. Les contestó con indignación, como si quisieran quitarle algo a la fuerza: “Todo lo que ven se mantendrá tal cual. Es mi vida y a la que estoy acostumbrado”

- Parece que es avaro y rico.

- Sabes lo que me dijo un día: Las dos cosas más maravillosas que ha inventado el hombre son el Arte y el dinero...

- ¿A quién va a dejar su fortuna?

- Se dice que una banca tangerina la hará fructificar. ¿Con qué fin? Nadie sabe qué ha previsto en su testamento.

- Se parece un poco a Paul Bowles. Ha conocido la pobreza y morirá rico [...]

Mohamed Chukri. “Paul Bowles. Le Reclus de Tanger”. Editorial Quai Voltaire. 6 de marzo de 1994.

af@antoniofuentes.org

XHTML 1.0 CSS 2.1 ·

Infomego