SOBRE ANTONIO FUENTES · TEXTOS · F. CASTELLANI

FUENTES CONTRERAS EN LA GALERIA DELL’ORDINE DELLA VALIGLIA, VENECIA

F. Castellani

Los experimentos del cubismo no han terminado aún, aunque en la última Bienal de Venecia todo dejaba suponer lo contrario. Numerosos pintores, italianos en particular, hasta ayer cubistas y para – cubistas, se han dirigido, en efecto, hacia otras corriente. Se diría que ha prevalecido una especie de respeto sagrado de la figura humana que había sido deformada hasta el paroxismo por el expresionismo social de marca alemana surgido hace cincuenta años, y por el cubismo actual.

Un gusto tenaz por la deformación de la figura aunque no sea de origen puramente cubista existe en la escultura, pero la escultura tiene un campo de acción limitado si se compara con la pintura, y liberarse del elemento humano , como dicen los artistas vanguardistas, no es cosa fácil para los escultores de toda tendencia. Sin embargo, no es nuestra intención detenernos sobre la escultura, sino sobre la pintura, con motivo de la ocasión que se nos presenta con la exposición personal en la Galleria dell’Ordine della Valiglia, en la calle Fabri, del artista español Antonio Fuentes Contreras, residente en Tánger.

Venecia

Fuentes Contreras ha hecho también tiempofiguras cubistas motivado, no por exigencias de angustia, sino por su interés por el arabesco con una composición ritmada por el rigor geométrico. Pero con los años, se ha dado cuenta de que hay que descartar la figura picasiana y la naturaleza muerta braquiana para dar amplitud a un mundo de encantos orientales, que no es el descubierto por Ingres, Delacroix o Matisse encerrado en los harems, sino aquél contemplado, meditado durante muchos años entre los laberintos de la alcazaba, a pie de las almenas, donde se desenvuelve el calor, la vida tumultuosa y holgazana, confundiéndose con la Naturaleza de manera alucinante y casi por completo desconocida por los europeos.

En la pintura de Fuentes queda eliminada la idea errónea que muchos de hicieron de aquella tierra, todo contraste deslumbrante de luces blancas y sombras violetas. En él al contrario todo es color. En cada rincón de la calle se encuentran todos los colores del arco iris, espaciados por contornos marcados por el Sol. Cada cosa pierde su consistencia objetiva para conseguir un valor de concreción fantástica. La impresión que Fuentes tiene de Marruecos no es pura sugestión o magia. Su manera de expresarse no es puramente simpatía picassiana. Fuentes se encuentra con Picasso en una sincera manera de simplificar, de descartar lo superfluo, de ordenar y de hacer resaltar en el espacio, arabescamente, lo que constituye la esencia, aunque escondida, de la visión real.

Por optra parte, Picasso nunca se empeñó realmente en el paisaje, y sus plantas tropicales y sus fumatos de Vallauris, que son las pocas obras suyas de esta naturaleza que se conocen, no presentan el interés de su otra multiforme actividad. En esto reside la personalidad de Fuentes Contreras y el valor de su nueva paisajística africana qe, asomándose a las luces del Mediterráneo, se encuentra con las más modernas expresiones del arte actual, creando entre los dos continentes aquella continuidad de las relaciones espirituales que es fin, la conquista del Arte.

“Il Gazzetino” - Venecia, 21 de octubre de 1964.

af@antoniofuentes.org

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