SOBRE ANTONIO FUENTES · TEXTOS · EMILIO SANZ DE SOTO

CENTENARIO DE UN MALEFICIO

Emilio Sanz de Soto

Hotel Fuentes. Zoco Chico, Tánger.

En el multiforme y amplísimo panorama de la pintura española del siglo XX, al decir de Jean Cassou, se echaba en falta algún nombre y sobraba algún otro, y esta afirmación, a mi parecer, sigue de pie.

Aunque me voy a referir a un nombre que ni estaba ni sobraba en este panorama de la pintura española del siglo XX. A un pintor que nos maravilló a unos pocos y lo descubrimos a la manera de un tesoro. Su nombre: Antonio Fuentes.

Todo en él, absolutamente todo, resulta insólito: Era español, españolísimo, pero nació, vivió y murió, de siempre en Tánger, muy en particular cuando esta ciudad era “ zona internacional” y secreto refugio de nombres hoy de fama universal.

El refugio de Antonio Fuentes era una casa en la “ casbah” en la plazuela de la enloquecida cofradía de los aissauas, donde, al atardecer, Antonio Fuentes salía de su cueva de anacoreta para repartir tizas de colores entre los “ moritos ” del barrio para que pintaran en los encalados muros, y justo antes de que amaneciera se apresuraba Antonio Fuentes a recoger en su cuaderno de apuntes las llamadas por él “ obras maestras” de sus pequeños pintores en estado de gracia.

En 1929 se pasó las horas vivas en París en “ La Grande Chaumière” y discutiendo con Francisco Bores. A Pablo Picasso lo conoció a través de una amiga común, Rosa Castelucho. Y ya entonces, desde siempre, fue un rebelde del impresionismo.

De vuelta a Tánger conoce a Kokotschka y traspasa el impresionismo convirtiéndolo en expresionismo. En un expresionismo muy colorista, muy personal y, sobre todo, muy ajeno al expresionismo español del amplísimo panorama de nuestra pintura del siglo XX.

Zoco chico, Tánger.

Su tardía e impar serie de “ Catedrales” sorprenden por su enorme parecido con el dibujo de Antonio Gaudí sobre el interior de la ideada catedral para Tánger del genial arquitecto, desgraciadamente nunca realizada. Dibujo que hoy conocemos, pero que Antonio Fuentes nunca pudo conocer.

Encerrado a cal y canto en la “ casbah” de Tánger se negaba siempre a recibir visitas y a vender obra. Fui de los privilegiados a traspasar aquella puerta. Y doy fe – aunque pueda parecer increíble – que ante aquella puerta llamaron inútilmente nombres como Barbara Hutton o un Tennessee Williams. Sí la traspasaron una Martha Chambrun, princesa Ruspoli o un Paul Bowles…

Este año de 2005 se celebra el centenario de Antonio Fuentes - ¿Podrá, al fin, salir del olvido, tan singular pintor español?. No tengo respuesta. Y no tengo respuesta por dos motivos: porque Américo Castro nos enseñó que “ España es un país sin memoria histórica ”… y por que el propio Antonio Fuentes se empeñó – aunque nos cueste creerlo – en no darse a conocer. Hay pues que romper el maleficio creado por el propio Antonio Fuentes.

af@antoniofuentes.org

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